El Gobierno ve finalmente ampliado su margen de maniobra, con una holgada mayoría parlamentaria, para poder negociar a múltiples bandas sus primeros presupuestos generales del Estado. La ruptura y recomposición de los bloques ideológicos que en enero permitieron la investidura de Pedro Sánchez le garantizan por ahora, apenas diez meses después y en plena emergencia sanitaria y económica por la segunda ola del coronavirus, tramitar las cuentas públicas del año que viene. Y si el presidente del Gobierno logra que obtengan luz verde, incluso antes de que acabe el año como es su propósito, su mandato y la actual legislatura sobrevivirán. Al menos, mientras la grave incidencia de la pandemia y la voraz crisis económica que asoma por el horizonte no le consigan doblar el pulso.

Las fuerzas parlamentarias que rechazan los nuevos presupuestos elaborados por el Gobierno de coalición entre el PSOE Unidas Podemos, o que aún no están dispuestas a avalar estas cuentas, quedaron conformadas ayer al expirar el plazo para presentar las enmiendas a la totalidad del proyecto que se votarán, conjuntamente, el próximo jueves en el Congreso. El líder del Partido Popular, Pablo Casado, aprovechó su visita a Barcelona para confirmar su rechazo a unas cuentas, a su juicio, “nocivas”. Porque implican en su opinión “la misma receta de siempre” de los gobiernos socialistas, que resumió en un incremento del desempleo, la deuda, el déficit, el despilfarro y los impuestos. “Justo lo contrario a lo que hay que hacer”, zanjó.

Por medialuz

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